“Comienza como una acción, un arranque que se repite. Muta un poco, es tapado por otra, y es olvidada. Un proceso, hasta entonces reservado para una servilleta mientras hablo por teléfono. Pero aquí está. Se convierte en una especie de ritual, y cuando decido alejarme, cortar, veo claramente lo que hay y lo que está, lo que es. Una suerte de paisaje. Pintar como materialización de pensamientos, y exploración de ese acto primigenio de “marcar” y olvidar la representación para sorprenderme de que, más tarde, emana algo que la evoca. El contexto es todo, y los materiales de aquí. Seguir haciendo marcas. Marcar la pared de una cueva con un trocito de carbón. Arrastrar un óleo sobre un lienzo industrial, sobre un ladrillo estándar. Hago marcas y salen paisajes.”